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ROMANICO, EL ARTE DEL SIMBOLO

Comunicación románica (3.- El mensaje)

¿Cuál es el mensaje que se transmite mediante el románico?

¿Es diferente del mensaje que se transmite mediante otro estilo, anterior o posterior?

Intentemos ser un poco sistemáticos, y atengámonos a la pregunta: estamos hablando del mensaje, no de la forma de enviarlo. Una codificación específica (la podemos llamar la codificación románica), hará que el ropaje externo del mensaje románico sea diferente del ropaje externo del mensaje, digamos renacentista, o gótico, o bizantino.

A priori podemos convenir que existe una unicidad en los mensajes transmitidos por los templos cristianos católicos a lo largo de los siglos: no en vano estamos hablando de una misma jerarquía que trata sobre los mismos tópicos en todo tiempo. Sin embargo, las necesidades mismas de transmitir cuestiones no pueden abstraerse del siglo en el que están incardinadas: la relación incuestionable de cierto románico con el camino de Santiago, por ejemplo dejará improntas indelebles en el mensaje a transmitir, haciendo de la peregrinación uno de los ejes de la vida del fiel. Más aún: hemos visto en posts anteriores que no sólo la Iglesia como estamento es el emisor; sino que el propio cantero goza en el románico de una (al menos aparente) libertad de acción que le permite reflejar la realidad en la que está inmerso.

Así pues, podremos hablar admitir provisionalmente como buenas las siguientes cuestiones:

1.- El mensaje que transmite el románico es especialmente contemporáneo al momento de ser realizado cuando el emisor es el cantero, el artista que plasma con un grado de libertad inusitado en otros estilos las cuestiones más variopintas. Se divulga la sociedad tal y como es en el momento de la talla. Se plasma la vestimenta, los instrumentos musicales, las costumbres, los oficios y las vivencias del momento con una frescura rayana en el realismo dostoievskiano. Incluso la temática sexual está representada con toda la crudeza posible.

2.- La parte del mensaje transmitida por la Iglesia es absolutamente pedagógica. Reviste formas simbólicas, pero este aspecto, aunque crucial en el románico, no debe preocuparnos ahora que estamos interesados meramente en el mensaje y no en la forma en que aparece dicho mensaje.

El mensaje al fiel es sencillo, pero múltiple:

2.1 Dios es uno, como una es la cabecera de la Iglesia, aunque tenga varios ábsides. Uno como una es la cúpula central.

2.2 Hay un mundo de las tinieblas y un mundo de la luz, y hay un camino para ir de las tinieblas a la luz. Como un camino hay desde la entrada occidental del templo hasta el altar, a oriente.

2.3 Ese camino tiene una guía, que no es otra que Cristo. Hacia su figura debe dirigirse el fiel en el camino anterior; cuando lo contempla como Pantócrator en el ábside mientras avanza por la nave central, como en San Climent de Tahüll, Lérida:

por si hubiera alguna duda, recorriendo el camino de la tiniebla a la luz el fiel según va acercándose al Pantócrator, puede apreciar el "ego sum lux mundi" (1) escrito en el lubro que Cristo porta en su mano izquierda.

2.4 Frente a la importancia capital de lo anterior, el resto del mensaje es de importancia secundaria y mucho más complejo: va desde múltiples indicaciones de cómo proceder en la vida huyendo de los pecados y buscando la virtud, hasta advertencias severas de los peligros que acechan al fiel: tanto por los engaños del diablo como por la suerte que espera a los pecadores tras la muerte. En una época en la que seguramente la totalidad de los que pasaban bajo las arquivoltas de la iglesia creían a pies juntillas en la existencia del infierno y del diablo, las imágenes de los condenados a la izquierda de Cristo, ávidamente esperados por los diablos infernales, tenían que ejercer necesariamente una poderosísima influencia sobre la gente sencilla...tal y como podemos ver en la fachada de la Iglesia de Santa María la Real de Sangüesa, NAVARRA

 

(1) Yo soy la luz del mundo

 

 

 

 

 

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Comunicación románica (2.- El emisor)

Recordemos que estamos intentando analizar el arte románico como portador de un mensaje. Iniciamos el viaje en el post anterior definiendo el proceso de comunicación desde la teoría de la información.

 

¿Quién manda el mensaje?

La evidencia nos hace decir: la Iglesia, entendida no como congregación de fieles, sino como estamento. No obstante, las cosas nunca son tan lineales como la teoría ingenua parece afirmar. Mil detalles nos hacen sospechar que también es emisor el propio trabajador, el cantero, el escultor; si bien el mensaje que emite es bien diferente. Es precisamente en el románico donde se puede apreciar una libertad inusitada del ejecutor de la obra a la hora de trabajar; y esto en un estilo integral cuyas directrices estilísticas abarcan la obra en su conjunto a todas las escalas; diríamos en lenguaje moderno que de forma fractal.

Tenemos una Iglesia poderosa, confirmada como uno de los grandes poderes terrenales en una época feudal en la que absolutamente todo lo que ocurre en la tierra es visto como un reflejo de lo que ocurre en los cielos. Una Iglesia con poder de erigir los más grandes edificios y de propagar su verdad a los cuatro vientos; así como su estatus de poder. Es una suerte para la Historia del arte que en la Iglesia Católica nunca terminaran de triunfar las tesis iconoclastas tan poderosas siglos después en las iglesias protestantes. Aún en San Bernardo de Claraval, partidario y defensor a ultranza del arte más austero y anicónico; se aprecia más una severidad en pro de un mayor recogimiento de los monjes que una aversión a la imagen por motivos teológicos, como en el caso de los iconoclastas. Particularmente el arte islámico posee un impedimento doctrinal para la elaboración de imágenes, pero como no se pueden poner puertas al campo y la creatividad humana es un torrente que siempre sale por algún sitio, es en las formas geométricas y en la caligrafía donde este arte ha descollado sin igual.

El interés de la Iglesia en edificar en el románico es múltiple: por un lado la propia demostración de poder, y por otro la inculturación de las masas de fieles iletrados en las verdades del evangelio, y por último la propia logística: los templos y monasterios son útiles a la propia iglesia y a la sociedad en general. Lo que ocurre es que mientras esas tres necesidades son prácticamente constantes en cualquier época, es en la época que nos interesa y en el gótico cuando la simbología adquiere su verdadera importancia, convirtiendo al románico y al gótico en Arte Sagrado.

¿Porqué?

Tengo la impresión de que parte de la respuesta está en la intencionalidad del emisor, que no es constante en toda época. En el románico el mensaje a transmitir es eminentemente pedagógico, mientras que difícilmente se podría decir lo mismo de cualquier arte cristiano posterior al gótico, por muy grandioso (¿o debiéramos decir grandilocuente?) que sea. Pensemos en una catedral renacentista...

Así pues, parece ser que la intencionalidad pedagógica del emisor es la responsable de las características principales del románico, las que lo hacen ser un arte fractal (1) e integral.

El aspecto pedagógico del románico está más allá de toda duda para los estudiosos, como podemos comrpobar en estas afirmaciones:

"La escultura [románica] producirá imágenes simbólicas y fantásticas que ilustran a un pueblo iletrado sobre los caminos para llegar al otro mundo, sobre la clave que este nuestro encierra, tanto positivamente (en cuanto manifestación de la Bondad Divina) cuanto negativamente (en cuanto obstáculo pecaminoso para la salvación) (2)

Decíamos más arriba que los artífices directos del edificio románico eran tan emisores como la iglesia como estamento. El artista románico goza de una libertad que para sí hubiera querido el renacentista, atado a un academicismo frustante. Hay portadas que es imposible admirar sin esbozar una sonrisa, y me es imposible hablar de ello sin pensar en Santa María de Uncastillo.

Uncastillo

Parece evidente que la Iglesia como estamento poco tiene que ver con este canto al regocijo en el que aprovechando el baquetón de una arquivolta a modo de mesa o baranda, aparecen múltiples personajes, humanos y animales, sus cabezas por encima y sus piernas o patas por debajo. Para colofón, la figura central es un cerdito. Podemos decir que la Iglesia ostenta el monopolio de las manifestaciones culturales en la sociedad medieval; pero precisamente porque no se pueden poner puertas al campo ni límites a la creatividad humana, la libertad de los artífices últimos florece como en ningún otro estilo. Aquí con desenfado, en otros lugares incluso con verdadera procacidad sexual.

El mensaje enviado en este caso es más sencillo: el cantero, cuando se sale de las directrices marcadas por la Iglesia, representa sus vivencias más directas. Esto no es en absoluto privativo ni de la cantería, ni del románico. Es una constante universal. En este blog se han mencionado dos ejemplos de ello extremadamente vívidos por su aparatosa actualidad: un escudo del atlético Bilbao en un templo de Trujillo y un astronauta en la catedral de Salamanca; obviamente ambos debidos a restauraciones modernas. Infinitos detalles de vestimentas, instrumentos musicales, oficios y juegos tenemos representados en capiteles y arquivoltas románicos gracias a esta pulsión del espíritu humano de dejar constancia de su propia época. El asunto de Trujillo poco tiene que ve con el románico, pero es muy significativo:

"En Trujillo, un pueblo de Cáceres (Extremadura), hay varias iglesias y
hace unos años hubo un pequeño terremoto y provoco daños en alguna de
estas iglesias; en una de ellas, en el campanario estaban esculpidos los
escudos de las cuatro familias más importantes que había habido en el
pueblo, y a causa del terremoto hubo que esculpirlos otra vez, y se lo
encargaron a un cantero que lo hiciera, pero al buscar en los archivos
del pueblo, solo consiguieron tres escudos, asi que como faltaba un
escudo el cantero decidió esculpir un escudo del Athletic; asi que, a
veinte metros del suelo en el campanario de una iglesia de Trujillo se
puede ver el escudo del Athletic, eso si, un escudo en el que se puede
leer Atletico en vez de Athletic Club."

 

(1) Esta nomenclatura, evidentemente mía, no es más que una metáfora. Seguramente una mala metáfora. Me explico: en matematicas un fractal es una figura que es similar a sí misma a diversas escalas. Tanto es así que una ampliación de una fracción de una figura fractal exhibe las mismas apariencias que la figura completa. El románico se me aparece como un arte integral, en el que basado en el rectángulo (la tierra) y el semicírculo (el cielo), ambos de rica simbología ya estudiada en este blog tanto en planta como en alzado, se repite el mensaje una y otra vez con la mayor coherencia. La portada parece repetir la imagen de la planta, y el tímpano de aquella parece remitir al ábside de ésta... nunca con tan poco se hizo tanto...

(2) Bozal, V. "Historia del arte en España" Ed. Itsmo, madrid, 1972 PP 110-111

 

 

 

 

 

 

Comunicación románica (1.- Introducción)

Iglesia de la Inmaculada Crespos, Burgos

Una de las cosas más bonitas de la abstracción es que aunque exige siempre un esfuerzo mental, los frutos que proporciona suelen valer la pena. Muchas veces se ha repetido que el románico es un arte sagrado, portador de un mensaje. Vamos a intentar determinar qué quiere decir la última parte de la frase anterior, pero antes de continuar, clarifiquemos la nomenclatura: cuando en este blog se habla de arte sagrado (o incluso mejor, Arte Sagrado, con mayúsculas), lo hacemos en el sentido de Titus Bruckhardt en su obra "Principios y métodos del Arte Sagrado". Según esta concepción, para que un arte sea llamado sagrado, no sólo sus temas deben derivar de una verdad espiritual, también su lenguaje formal debe expresar el mismo origen. Por lo tanto, el Arte Sagrado es un subconjunto del arte religioso. Podríamos decir que una pequeña parte del arte religioso. El arte religioso del barroco o del renacimiento es absolutamente similar al arte profano de estos mismos períodos, salvo en la temática, de modo que no corresponderá denominarlos Arte Sagrado. El románico y el gótico son ejemplos de arte sagrado cristiano, mientras que los musulmanes y los hindúes tienen también sus ejemplos.

Hecha esta aclaración, proseguimos con lo que ahora nos importa: decíamos que el románico es un Arte Sagrado portador de un mensaje. Les invito a desmenuzar esta afirmación en sucesivos posts, sobre cuya frecuencia de aparición no me puedo comprometer.

Para hacerlo, veremos primero en su máxima abstracción el concepto de comunicación de un mensaje, y pasaremos a comprobar si el románico cumple los requisitos mínimos para poder mantener esta frase como cierta. Observemos el proceso de una comunicación genuina y los elementos que intervienen:

Comunicacion

La primera advertencia que conviene hacer en este punto es que el proceso de comunicación en el que estamos interesados es un acto voluntario del emisor, en el que dicho emisor es activo mientras que el receptor no. Esta visión porta una reducción y otra ampliación. Es una reducción porque eliminamos de un plumazo todos los intercambios de información no voluntarios (el sol nos está aportando continuamente una gran cantidad de datos sobre sus procesos termonucleares internos, datos que comprendemos y podemos analizar y entender; pero que no consideraremos una genuina comunicación por no ser el resultado de un proceso voluntario y consciente del emisor). Y es una ampliación porque no exigimos bidireccionalidad en la que los papeles de emisor y receptor se van intercambiando dando lugar a un diálogo.

La tesis a demostrar será por tanto que el románico supone (quizás entre otras cosas) un esfuerzo de comunicación de un mensaje. El románico vive en los templos románicos, y éstos son edificios. Un edificio es una construcción realizada por personas, y para que cumpla su función debe poseer unas características mínimas; debe estar de alguna manera aislado del exterior; y ofrecer un espacio interior para sus usuarios.

El emisor es evidentemente la Iglesia; que ordena construir los templos; pero también lo son los constructores, desde los canteros hasta los arquitectos que intervienen en la obra. El destinatario es aquel en el que el emisor está pensando hacer llegar un mensaje; y ese no somos nosotros; observadores "desde otro mundo", sino los fieles contemporáneos a la obra.

¿Sólo los fieles? Quien esto escribe piensa que la respuesta es negativa: la propia divinidad es receptor en la mente del emisor. Así, cuando el mensaje se dirige a los fieles, es pedagogía; y cuando se dirige a Dios es oración.

Analizaremos la acción del emisor, su propósito e intencionalidad; la figura del receptor y la calidad del mensaje; pero será en sucesivos posts.

Anfisbena

 

 

 

 

Animales

Vemos un bello capitel adornando la columna de una galería porticada o en una portada y en una primera instancia disfrutamos de la belleza que nos produce su contemplación. Enseguida, si algo nos impulsa a ir más allá, nos preguntamos qué representa. Estamos preguntándonos por el significado del símbolo.

A veces, el significado es poco menos que trivial: contemplamos la huida a Egipto y la reconocemos, porque tenemos las claves para su interpretación. Quien no las tuviera, vería simplemente una serie de personas y un burro. En estos casos, son las Sagradas Escrituras las que tienen la clave, y forman parte de la cultura común de la civilización occidental.

Otras veces, vemos animales, o interacciones entre animales y humanos; y si leemos en una buena guía la interpretación, no podemos por menos que sorprendernos. La primera pregunta que invade al profano es: ¿Esta interpretación es correcta, o es una suposición?

Luego vienen otras preguntas: ¿Cómo pueden los especialistas estar seguros de las motivaciones de los autores? Si la relación entre un significante y su significado puede ser arbitraria, ¿cómo saber qué significa un símbolo esculpido hace ochocientos años?

Ocurre que la relación arriba citada no es tan arbitraria en los símbolos como en los signos en general, y ocurre también que los autores que esculpieron tales imágenes estaban inmersos en una cultura que los llenaba por los cuatro costados. Una cultura que no es la nuestra exactamente, pero que ha dejado múltiples rastros escritos a lo largo de Europa.

Santiago Sebastián López, en su monumental obra "Iconografía medieval" comenta:

"La Edad Media parece haber pensado con pasión que todo pudiera ser símbolo, pero -cuidado- hay que estudiar estos símbolos en sus fuentes y en sus textos, pues existe el peligro de deformar con la mejor buena fe su verdadera significación"

Así pues, cuando los especialistas investigan sobre el significado de un símbolo románico, no elucubran sobre el mismo, generando una teoría que más o menos cuadre con sus ideas previas, sino que se documentan exhaustivamente sobre las fuentes originales (textos) medievales, buscando usos comunes de ciertas imágenes que se repiten en el tiempo y que hunden su historia en épocas clásicas precristianas.

Hablemos de animales, reales o imaginarios. Poco importa que el conocimiento de la vida de los animales estuviera por aquel entonces inmersa en una pseudociencia absoluta, que mil comportamientos animales fueran una y otra vez mal interpretados o que la visión de la naturaleza adoleciera de una terrible falta de objetividad a los ojos de un observador actual. Lo que importa es que la cultura románica era una cultura de consensos establecidos, y adquiridos a través del tiempo con múltiples prestamos de otras civilizaciones anteriores; y estos consensos dejan huellas indelebles que el historiador puede estudiar de forma científica.

Los animales y sus representaciones nos dan un buen ejemplo de ello: la Edad Media no inventa sus símbolos, sino que bebe de fuentes anteriores y las adapta a su momento, momento en el que todo se integra alrededor de una visión totalizadora con centro en Dios. Los mismos Padres de la Iglesia se alimentan de las fábulas moralizadoras de los clásicos, en las que repetidamente se asocian los animales a diversas virtudes y vicios.

Entre estas fuentes tenemos, cómo no, la Biblia. Sin embargo, a partir del siglo IV se comienzan a redactar diversos tratados sobre los animales y sus funciones simbólicas que tienen gran divulgación, como el Hexaemeron de San Ambrosio, escrito entre los años 386 y 390. En dicho libro, San Ambrosio describe una teología de la creación, haciendo uso de la etimología del propio nombre del libro (Hexaemeron = seis días). Cada uno de los seis libros que compone al obra repasa uno de los seis días de la creación.

El Hexaemeron presenta un grandioso retablo en el cual los conocimientos profanos de su tiempo están armoniosamente enlazados con la doctrina bíblica y cristiana. En religión, todo se aprovecha; y lo que hoy parece ser una doctrina bien conformada y perfectamente diferenciable de otras coetáneas, en su momento fue fruto de un sincretismo culturalmente enriquecedor. El uso de documentos paganos para enriquecer la propia doctrina nunca fue un problema irresoluble: bastaba con adecuar convenientemente dichos textos a la doctrina. No en vano advierte San Agustín:

"El cristiano ha de entender que en cualquier parte donde hallare la verdad, es cosa propia de su Señor" (De doctrina christiana II, 18)

Así pues, la incorporación de los fabulistas griegos y romanos a la visión alegórica de la vida de los animales pudo realizarse sin mayores problemas teológicos que los derivados de adaptar la fábula a la doctrina. De esta forma surgen en el medievo los bestiarios, bellísimos libros que insertan historias edificantes sobre las conductas de los animales, adaptadas a la época y de gran valor pedagógico.

Entre ellos, tenemos el Physiologus . Se trata del libro de historia natural más famoso de Europa hasta el siglo XIII. Sin embargo, su primera edición pudiera datarse según unos en el siglo II en versión griega, y según otros en el siglo III de nuestra era en Siria. Dado el éxito de la obra, existen múltiples versiones diferentes, pero lo que nos interesa aquí es la amplia difusión de un libro con imágenes sobre animales, y textos asociados en los que se daba a dichos animales una serie de características; reales o ficticias; pero en todo caso acordes con los tiempos y relativamente consensuadas.

Ya en el siglo VIII se recomienda a los clérigos que utilicen ejemplos "exempla" en sus sermones. La oratoria del siglo XII hizo énfasis, según Santiago Sebastián López en su obra arriba citada Iconografía medieval , en dichos "exempla" .

Acabamos este post con las palabras de este autor:

"Este conocimiento de los animales en la época románica nada tiene de común con las ciencias naturales, ya que no los describen como son ni como se los puede observar. Se trata de presentar al animal tal como figura en el universo creado por Dios, un mundo encantado bajo el signo de lo sagrado, por lo que representa su aspecto físico y su comportamiento dentro de una significación religiosa y moral. Por otra parte, el mensaje simbólico del animal no es fácil de descifrar, porque en el discurso se interfieren informaciones desde diversos ángulos, no siempre coherentes, resultando que un animal puede significar una cosa y también la contraria; tal es la ambivalencia de su mensaje"

Anfisbena

 

 

 

 

 

Mordiéndose las patas

Al igual que otros estilos sagrados, el románico puede ser contemplado a varios niveles. En su arquitectura se mezcla lo estructural (lo técnico) con lo simbólico; pero es en la escultura donde el espíritu del artista vuela libre, sin estar condicionado a las realidades constructivas del templo a pesar de que "lo escultórico se subordina a lo arquitectónico". Así, con las constricciones mínimas que impone la ley del marco, que obliga al artista a adaptar las figuras que esculpe al espacio disponible, sea éste un tímpano o un capitel; y a la ley del esquema geométrico; que aún en ausencia de presión de un marco constrictor impone ciertas necesidades geométricas, de simetría y de formación de figuras simples; aún con estas constricciones mínimas, decíamos; la libertad del cantero es máxima.

Así, es posible encontrarse con figuras que simbolizan cosas alejadas aparentemente de sus significados originales. Dentro de esta libertad, algunos símbolos cuajaron especialmente, quizás por motivos estéticos, de gusto o por motivos más profundos. Cuando encontramos una y otra vez los mismos motivos en templos diversos, nos empezamos a preguntar por su significado, y es entonces cuando descubrimos que lo que nosotros nos preguntamos otros se lo preguntaron antes, y lo intentaron responder.

 

 

En la foto anterior, obtenida en agosto de 2005 en la fachada occidental del monasterio de Leyre, podemos apreciar dos aves que se están mordiendo las patas; cada una las suyas. Más común es la mordida recíproca; cada una muerde las patas de la otra, como podemos observar en la fachada sur de la iglesia de San Miguel de Biota:


 

o en la iglesia de Santiago de Agüero, en Huesca, en un capitel tapado a medias por una reconstrucción posterior poco afortunada:

 

O en una magnífica representación del mismo motivo en una de las arquivoltas de la portada de Santa María de Uncastillo, Zaragoza:

El mejor capitel que he contemplado de este motico se encuentra en la cripta de la iglesia de San Esteban de Sos del Rey Católico. La presencia durante mi visita de un inflexible y ensotanado sacerdote sin comprensión alguna hizo imposible que pudiera fotografiarlo.

Según la interpretacion canónica, el ave simboliza el alma humana. El investigador Francisco Iñiguez Iñiguez llegó a popularizar el símbolo que nos ocupa en este post identificándolo con el esfuerzo de las almas por liberarse de sus ataduras terrenales. Las patas son las que anclan al animal a la tierra y representan el vínculo con el mundo material; vínculo que hay que romper para elevarse a Dios. Sea así o de otra manera, lo cierto es que como pueden ver esta representación se generalizó, y hoy puede verse en multitud de templos románicos: en en monasterio de Leyre, en Uncastillo, en Santiago de Agüero, en Sos del Rey católico y según he podido saber, también en Pamplona, Navascués, Santo Domingo de la Calzada, Santa María de Sangüesa, Catalain, Armentia, Esparza de Galar, Murillo del Gállego o Castiliscar. Una amplia zona, si bien bastante conexa.

Lo que queda por explicar es la presencia de dos aves en la misma acción; a veces cada una muerde sus propias patas y otras veces las de su compañera. Para la explicación al uso, con una sería suficiente...

 

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Leones (2)


 

La polisemia del símbolo del león tiene, que yo sepa, los siguientes significados:

1.- Un enemigo al que batir.

Muy representado como un león que está siendo desquijarado, normalmente por Sansón.

Como animal poderoso, es un formidable enemigo a vencer, no un enemigo cualquiera. Sólo con unas condiciones especiales de fortaleza puede afrontarse la tarea. Se trata de una cita literal de lucha entre Sansón y el León, pero se trata de mucho más. Como pocas veces se evidencia la metáfora con la lucha contra el mal, un mal que muchas veces es interior al ser humano. Así pues, se simboliza una contienda entre dos fuerzas, el luchador es el propio observador el símbolo, y el León es el conjunto de peligros que intentar separarlo del camino de perfección.

2.- El guardián del templo.

Como en el caso de la puerta de los leones de Micenas, pasar entre las fauces de dos leones indica que tal paso no es cuestión baladí. Se necesita un permiso, que se da tácitamente, presuponiendo que el visitante tiene ganado el derecho a penetrar en el templo. El respeto y la humildad son las condiciones de entrada en este caso: no se trata de amedrentar a los leones ni de vencerlos, como en el caso anterior: se trata de conseguir la entrada, lo que nos lleva a preguntarnos si estamos en condiciones de conseguirlo. La respuesta tendrá relación con la disposición de cada uno.

3.- Símbolo de Cristo, el león de Judea

Existe un caso extraordinario de fuerza simbólica del león como elemento crístico en la catedral de Jaca. El crismón de la portada occidental está flanqueado por dos leones. El de la izquierda del observador (derecha del crismón) está sobre un hombre postrado mientras agarra una serpiente. Un texto ayuda a la interpretación: "El León se apiada del que se postra a sus pies y Cristo del que lo invoca" Este león por lo tanto representa el poder de Cristo, y el hombre sujetando la serpiente es el fiel reprimiendo sus instintos pecaminosos.

El león de la izquierda del crismón (derecha del observador) tiene, bajo sí, un oso y un basilisco; y la siguiente leyenda: "El poderoso León aplasta al imperio de la muerte"

La fuerza del león se aplica en un caso como fuerza salvadora; y en el otro como justicia implacable. A este respecto, Jaime Cobreros nos recuerda las palabras de San Jerónimo: "Cristo es un león bueno para los buenos y terrible para los malos".

4.- Camino iniciático a través de sus fauces.


Ver un hobre desapareciendo (¿o surgiendo?) entre las fauces de un león sin el menor asomo de dolor, angustia o miedo es relativamente corriente en el románico.

Aquí no sólo es el león el animal utilizado, también puede ser un monstruo más o menos abstracto, como se observa en un capitel interior del monasterio de San Martiño de Mondoñedo, en el que un ser humano está siendo devorado desde la cabeza por dos bestias simultáneamente sin que se observe señal alguna de pavor o intento de defensa.

El paso a través de las fauces, como el paso a través del canal del parto, es un tránsito a otra realidad, un acceso a otro nivel de existencia.

Las dos últimas fotos fueron realizadas, con más que cuestionable acierto, por mí en 2005 y 2006 respectivamente. La primera, que presenta dos leones andrófagos, la hice en la Iglesia de San Martín de Elines el 30 de abril de 2005 en condiciones difíciles de luminosidad para mi pobre cámara digital, en Cantabria. San Martín de Elines es una maravilla para los sentidos hecha en piedra. Su párroco es un señor ya mayor, perfecto conocedor del tesoro que custodia, y deseoso de hablar de ello, de explicar con sabias palabras cada símbolo y cada capitel. Muy diferente es la actitud prepotente de algun otro cura en otras iglesias, que parecen ser dueños absolutos de sus respectivos feudos. Merece ser recordado aquí el de Sos del Rey Católico, personaje desagradable en extremo que pretendía prohibirme fotografiar (sin flash) los capiteles interiores de la iglesia. Y no estoy hablando de los restos de pinturas murales de la cripta, sino de los capiteles del templo.

¿Sería porque vendían postales?

 

Leones (1)

Leones (1)

Los símbolos tienen un significante y un significado, al igual que los signos. En los signos, la unión entre ambos es arbitraria, se trata de un consenso. El receptor del significado debe estar en posesión de una clave, con la cual unir significante a significado y poder comprender qué cosa hay detrás del signo. El los símbolos (una clase especial de signos) esta relación entre significante y significado es diferente: la expresión plástica del símbolo "representa" de alguna manera no arbitraria a su significado, de forma que cuando Cristo parece como un cordero la arbitrariedad no es absoluta. Si lo fuera, podría ser representado por cualquier animal, cosa absurda e impensable.

Lo que ocurre es que la relación entre la expresión plástica (significante) y su significado sigue siendo oscura y difícil de apreciar. Precisamente cuando hay arbitrariedad absoluta las cosas son más fáciles: si conoces la clave, lo conoces todo. Yo sé que el signo m representa un sonido concreto, y ya sé todo lo que tenía que saber sobre el asunto. Sé que no hay una razón convincente para que esto sea así, pero no me importa: sé que es así por un convenio que hago mío. Como cuando aprendo una lengua nueva, no me pregunto porqué las cosas se llaman como se llaman; se llaman así y me basta(1).

Con los símbolos, y especialmente con los símbolos del románico ocurre todo lo contrario. Conocer la simbología en profundidad parece tarea vana e imposible a un profano como quien esto escribe, ya que lleva implícita la tarea de conocer pensamientos, creencias, vivencias penas y alegrías de la civilización que los realizó.

Un ejemplo de la complejidad del tema lo tenemos en la figura de león. Un león es un animal salvaje y peligroso, me imagino que raramente un europeo del siglo XII podía ver un vivo; (¿quizás en alguna exposición, feria o circo ambulante medieval?). Sin embargo es un animal perfectamente conocido desde antiguo en todas las culturas europeas como una personificación del poder y majestuosidad de la naturaleza, personificada en una espléndida fiera de terribles garras y dientes. Parece ser que la imagen de los circos romanos con leones devorando cristianos o luchando con gladiadores es una imagen bastante cercana a la realidad, con lo que el animal debió pasar al imaginario popular para quedarse instalado para siempre.

Partimos pues de un significante: el león, un animal poderoso.

¿Cuál es el significado?

Aquí comienzan las dificultades. Lejos de una univocidad en la relación entre significantes y significados, nos encontramos con una sorprendente polisemia: un león puede significar diversas cosas. Para empezar, un león es un excelso guardián, por un razonamiento redondo como éste: el templo (románico al menos) es la sublimación de la idea de la casa, el domicilio. Es la casa de Dios. Nuestras casas tienen perros guardianes, y la casa del Dios merece a su vez un guardian a la altura de las circunstancias. Sobre la figura humilde y rastresa de un can, se hiergue la espléndida figura de un felino con cabellera y enormes dientes, guardián del templo. Por eso su situación debe ser a la puerta, para cumplir mejor con su misión de guarda.

Suele ser habitual la presencia de leones en las dos mochetas de las puertas de entrada. De esta forma, el visitante debe pasar entre las cabezas de ambos leones para entrar en el templo. El fiel sabe que los leones no le van a impedir la entrada, pero le están advirtiendo de que el hecho mismo de traspasar el umbral (2) es un acto no exento de importancia: entramos en la casa de Dios, y los leones nos preguntan si estamos en condiciones de hacerlo.

Esta primera función de los leones como guardianes de la puerta la tenemos en la vieja Micenas, en la conocida como Puerta de los leones, que pueden ver en la imagen que encabeza este post, de modo que podemos decir una vez más que el románico recoge tradiciones simbólicas pretéritas, incluso de civilizaciones alejadas.

Seguiremos con otros significados simbólicos del león en próximos posts.

 

 

 

 

 

(1) Nos basta para poder dominar la lengua, pero ciertamente puede seguir existiendo un interés genuino sobre el motivo por el cual una palabra es como es y no de otra forma: debajo de la arbitrariedad intrínseca de los idiomas la etimología nos da fecundas explicaciones a este respecto.

(2) El umbral, como plano separador de dos universos: el de fuera y el de dentro, tiene suma importancia en todas las mitologías. Recuerdo una preciosa leyenda vasca en la que un grupo de lamias, seres mitológicos con forma de bellas mujeres que habitaban en cuevas requieren los servicios del médico de un pueblo cercano, cosa extraordinaria porque las lamias no sen relacionan con humanos. Como pago al servicio, le regalan una rueca de oro, y le despiden con la orden tajante de que vuelva a su hogar sin volver la vista atrás. Durante todo el viaje de regreso de la cueva a su casa, el médico lucha consigo mismo para no volver la cabeza, pero al llegar a su puerta, lo hace justo antes de entrar. Inmediatamente la rueca se deshace en polvo, cayendo al suelo el huso de la misma, de oro macizo. El huso era lo único que había traspasado el umbral de la propiedad privada del médico, y allí  el poder de las lamias no existía. 

Asimismo, en el ciclo mitológico vampírico, el vampiro debe ser invitado a traspasar el umbral de la vivienda de su víctima, al menos la primera vez. 

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Maltratos y afrentas .

Pocas cosas ofenden más a la vista del visitante que los grabados fascistas en los templos románicos. En España la afrenta es bastante general.

Durante una época, se utilizaron los más bellos hastiales para propaganda política fascista, en un ejercicio infecto de falta de sensibilidad que aún perdura por la geografía española. En Julio de 2005 pudimos ver esto en el municipio de Xunqueira de Ambía:

Letrero fascista

ESPAÑA

VENCEDORA

DEL COMUNISMO

EN LA CRUZADA

QUE LEVANTO ESTE

DIA BUSCA LA PAZ

DEL IMPERIO POR LA

UNIDAD POR LA GRAN

DEZA POR LA LIBER

TAD EN EL SIGNO

DE FRANCO

EL CAUDILLO

ARRIBA ESPAÑA

XVII-XVIII-XIX=

JULIO =

MCMXXXVI

Una vergüenza, vamos.

Afortunadamente el monasterio de Santa María de Xunqueira de Ambía tiene muchas otras cosas buenas que comentar, lo haremos próximamente.

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